¿El universo comenzó a existir y por tanto fue creado?

Introducción.

Entre los cristianos que repiten sin cesar lo que escuchan del predicador William Craig se pueden encontrar siempre dos afirmaciones: la primera, que “el universo tiene un comienzo absoluto, no es infinito ni eterno”; la segunda, derivada teológicamente de la primera, sobre que “por tanto tuvo un creador”.

Para intentar sustentar estas afirmaciones, el teísta suele recurrir a dos proposiciones: (1) la ciencia actual indica que el universo tuvo un comienzo absoluto, (2) la filosofía actual indica que el universo tuvo un comienzo absoluto.

La proposición (1) se vale de tres “argumentos” para su justificación:

  • El argumento de que el Big Bang es evidencia de un origen del universo: de acuerdo con el teísta, el Big Bang representa el fenómeno que indica el origen absoluto del universo.
  • El argumento de que los modelos cuánticos son evidencia de un origen del universo: según el teísta, modelos como el de Vilenkin demuestran que el universo debió tener un comienzo absoluto en términos cuánticos.
  • El argumento de que la termodinámica, especialmente la segunda ley implica un comienzo absoluto del universo: de acuerdo con el teísta, el universo no puede ser eterno pues esto implicaría que la energía de trabajo disponible fuera inexistente – lo cual evidentemente no es cierto, por tanto, el universo tuvo un comienzo absoluto.

La proposición (2) por su parte, se vale de tres argumentos para hablar de que el universo tuvo un comienzo:

  • El argumento de la contingencia del universo: desde el cual se establece que el universo tuvo que tener un comienzo pues no es una entidad necesaria incausada.
  • El argumento de que de la nada, nada viene basado en el principio metafísico bajo el mismo nombre (pero en latín) y que indica que el universo debió tener un comienzo.
  • El argumento del absurdo del regreso infinito de causas: desde el cual el teísta afirma que no se puede ir en un regreso infinito de causas al pasado pues esto es actualmente imposible y además implicaría que el universo tuviera que atravesar una serie infinita de sucesos para llegar al presente, lo cual es absurdo.

Una vez aclarada la postura del teísta, en este post se abordarán ambas proposiciones, analizando por qué fallan y por qué no pueden sustentar la existencia de creador alguno.

Objetivo.

Analizar las razones que el teísta ofrece para sustentar que el universo tuvo un comienzo y exponer por qué son inadecuadas.

Argumentación.

(1) Antes de abordar el tema científico, es necesario hacer unas aclaraciones sobre los conceptos que se tratan aquí. Por ejemplo, ¿qué significa “crear”? ¿qué debería ser cierto para que haya una creación? ¿Cuáles otros conceptos son requeridos dentro del término crear?

(a) a pesar de que en el día a día se utilice el término “crear” en acciones como realizar una obra de arte, estas acciones en realidad no son creaciones sino sólo transformaciones de algo que previamente ya existía: material pre-existente que, por acción nuestra, cambia de forma y estado. El término “creación” propiamente dicho refiere más bien a traer de la nada algo a la existencia, siendo así, crear el universo significaría traer el universo a la existencia desde la nada – traerlo desde un material pre-existente no sería creación alguna.

De esta forma, la creación del universo por parte de un Dios presupone y requiere que este haya traído al universo desde la nada a la existencia, lo que implica que lo que constituye al universo, el espacio, tiempo, materia y energía en su totalidad haya fallado en existir previo a la creación, que sea cierto que no haya existido para que Dios pudiera traer todo ello a la existencia: el universo debió tener un comienzo material absoluto para que pueda haber habido creación alguna.

(b) así mismo, crear implica una causa, es una acción causal. No obstante, de acuerdo con lo anterior, es una causa sólo en términos eficientes y no en términos materiales. ¿A qué refiere cada una de ellas y por qué se genera esta demarcación?

En términos resumidos, una causa material es aquella de la que están constituidas las cosas. Cuando en la filosofía se habla de una causa material se está hablando del constituyente de las cosas y desde el cual estas emergen. Por ejemplo, si una silla está constituida de madera, dicho constituyente será su causa material. En el caso del universo, al igual que el de la silla, la causa material sería el constituyente físico del cual está constituido: la energía.

Por su parte, una causa eficiente refiere a aquello que produce un cambio en las cosas y aquello que le permite a este actualizarse o llevarse a cabo. Por ejemplo, aquello que permite que la silla se lleve a cabo es el carpintero que la diseñó, que transformó la madera en dicho objeto.

Quedando aclarado esto, ¿por qué una creación implica la ausencia de una causa material? La respuesta es sencilla si se ha leído con atención: porque la presencia de una causa material del universo implicaría que la causa eficiente del mismo sólo transformó el constituyente físico del que está constituido el universo. Si no hubo tal cosa como “llevar a cabo el universo desde la nada”, ni hubo comienzo material absoluto del universo, en consecuencia, no habría creación.

En efecto, cuando en el teísmo clásico se afirma que hubo una creación se habla de que hubo una causa eficiente pero no una material, donde dicha causa eficiente es Dios.

(2) Una vez demarcado lo anterior, se puede dar comienzo a la refutación de los supuestos argumentos científicos y filosóficos a favor de un comienzo del universo que el teísta invoca. Comencemos primero por los argumentos científicos: ¿qué significa que el universo haya comenzado a existir?

Si bien tanto el modelo estándar de la cosmología como el de Vilenkin indican que el universo tuvo un comienzo, este comienzo no es el que el teísta cree que es, ni el que requiere su teísmo… ¿por qué? la respuesta es sencilla pero requiere hacer una distinción entre dos conceptos primero:

Diferenciemos:

  • el concepto del universo teniendo un comienzo material absoluto: donde el universo, lo que lo constituye físicamente, tuvo un origen físico desde la nada. Este concepto, como se puede entender, refiere a que la energía que constituye al universo, lo que este es físicamente, tuvo un origen absoluto. En consecuencia, la existencia del universo presupone la inexistencia de lo que lo constituye y desde la cual se lleva a cabo.
  • el concepto del universo teniendo un comienzo temporal y espacial: donde el universo, su estado de expansión actual, tuvo un origen definido hace un tiempo finito. Este concepto, como se puede entender, refiere a que el universo se expande y cómo este es ha cambiado a lo largo del tiempo. Así mismo, que se puede, en retrospectiva, rastrear la trayectoria de las partículas a un punto en común desde donde parten.

¿Cuál de los dos conceptos involucra la cosmología del Big Bang y los modelos cuánticos como el de Vilenkin? La respuesta es sencilla si se conoce lo básico en cosmología: el segundo.

(a) comencemos por el modelo estándar de la cosmología, dígase, el Big Bang y veamos qué se entiende desde el mismo por el término “comenzar a existir”. Siendo así, bajo la cosmología estándar se llama “comienzo del universo” a que el estado actual del mismo haya tenido un comienzo en términos de transformación, movimiento y distribución de la energía que lo constituye, un proceso expresado en la expansión que se lleva a cabo desde hace 14 mil millones de años. En otras palabras: el comienzo del universo significa, desde este modelo, su evolución desde un momento finito en el pasado, desde el cual comenzó a expandirse.

Vilenkin y Perlov explican al respecto de esto en su libro Cosmology for the Curious en el apartado “¿Un comienzo del universo?” que dicho inicio refiere a un universo en expansión en contraste con uno estacionario y en últimas a la causa de dicha expansión:

«Las implicaciones del descubrimiento de Hubble fueron realmente sorprendentes. Si las distancias entre las galaxias está aumentando, esta debió ser mucho menor en tiempos más tempranos. En nuestro rastreo del movimiento de las galaxias en el pasado, estas se acercan y acercan, hasta que todas convergen en un momento en el tiempo en el pasado. Esto parece implicar que la expansión del universo debió tener un comienzo. ¿Fue este el comienzo de nuestro mundo? El problema del origen del universo, que había sido por siglos provincia de filósofos y teólogos había invadido el mundo de los físicos y astrónomos. Los modelos de Friedmann sugerían que el universo como un todo había comenzado en un evento singular hace un tiempo finito.» (p. 113).

El teísta puede agarrarse del fragmento “el universo como un todo” en la anterior cita y predicar que el Big Bang sí establece que el universo tuvo un comienzo material absoluto, pero esto peca de deshonestidad intelectual. Para entender el contexto de este fragmento hay que tener en cuenta que el modelo del Big Bang se presentaba de parte de los descubrimientos de Friedmann como un antagonista al modelo de un estado estacionario para el universo apoyado por Hoyle, el cual sostenía que el universo tal cual existe actualmente siempre había existido, sin estar implicado en una expansión y evolución. No obstante, la cita de Vilenkin y Perlov es clara al identificar el origen del universo con su expansión, no con su origen material. En todo caso, si el teísta considera que esto es falso, debe demostrar que el modelo del Big Bang presupone la ausencia total de tiempo, espacio, materia y energía desde la cual se llevó a cabo dicho fenómeno – pues eso es justamente que el Big Bang sea el origen material y físico absoluto del universo.

Sin embargo, esto no sucederá. La cosmología estándar no afirma en ningún momento un origen material absoluto del universo ni tampoco postula noción alguna donde la energía haya sido actualmente inexistente. Realmente, la física asume que el universo no tiene un comienzo material y sólo toma el concepto “comenzar a existir” como parte de un modelo no-estacionario sobre el universo: el universo no existe de forma estacionaria, como antiguos modelos proponían, sino que existe en un estado en constante expansión que tuvo un comienzo hace un tiempo finito. Sin mencionar que la mayoría de cosmólogos aceptan actualmente que el Big Bang solo representa el comienzo de un universo local, imbuido en un universo inflacionario energético más grande del cual emergen múltiples universos.

De esta forma, el concepto de “universo eterno” y la imposibilidad física del mismo confirmada por la ciencia no refiere a que la causa material del universo, su constituyente físico, haya sido actualmente inexistente y por tanto haya tenido un comienzo; sino que el universo ha atravesado una evolución expresada en la expansión de la energía que lo constituye. En palabras más resumidas: el Big Bang es el comienzo de la expansión de la energía y la subsecuente evolución cósmica, no el comienzo de la energía.

(b) siguiendo lo anterior, algunos apologistas y teístas del común afirman que la singularidad predicha por el modelo estándar de la cosmología indica que el universo tuvo un comienzo absoluto en todo sentido, tanto físico como de su estado de expansión, no obstante, esto es simplemente una falacia.

De forma similar a lo que Vinlenkin y Perlov expresan, el Instituto Max Planck resume en su artículo sobre el Big Bang:

«¿Realmente el Big Bang sucedió? Si se habla sobre la fase del Big Bang, el universo temprano y caliente tal como es descrito por las bien conocidas teorías físicas (o si se incluye la inflación como extrapolación), entonces existe buena evidencia de que, sí, aproximadamente hace 14 mil millones de años el cosmos se desarrolló en una manera descrita por los modelos cosmológicos […] ya sea que hubo o no una singularidad es una pregunta totalmente diferente. La mayoría de cosmólogos estarían muy sorprendidos si resultara que nuestro universo realmente tuvo un comienzo infinitamente denso, caliente y curvo.»

El artículo también recalca:

«Entonces, mientras algunos cosmólogos no tienen problema asumiendo que nuestro universo comenzó en un estado de singularidad, la mayoría están convencidos que la singularidad es un artefacto que será reemplazado por una descripción más adecuada una vez la investigación en gravedad cuántica haya realizado un progreso adecuado […] la razón es que, en los modelos cosmológicos basados en la relatividad general, la formulación para la expansión del universo se hace particularmente simple si se define el tiempo = 0, para que coincida con la singularidad. Esto es de una gran ventaja para los cálculos físicos que lidian con el universo temprano.»

Lo que este par de párrafos nos dice tan sucintamente, por una parte, es que el término “comienzo del universo” refiere al momento desde el cual la energía comenzó un proceso de expansión en el Big Bang tal como ya se abordó anteriormente – aquí la cita hace referencia, además, al término “desarrollarse” desde el Big Bang, pero no a “originarse físicamente o materialmente” como esperaría el teísta.

Por otra parte, que la llamada singularidad cósmica es un concepto pragmático que permite facilitar la descripción de los estados tempranos del universo, basada en física relativista. Así mismo, que esta no representa el comienzo absoluto de la causa material del universo, sino el punto, a modo de herramienta comprensiva, para el origen de la expansión del universo hasta que la física cuántica lo explique de forma suficiente. Además, aún asumiendo la realidad de una singularidad, esta sólo representa un tiempo igual a cero más no una energía, materia, espacio, tiempo igual a cero como el teísta requeriría (no confundir esto con que la energía positiva y gravitacional negativa se sustraen en un universo cerrado y dan como resultado energía 0 – lo que indicaría justamente que no hay creación alguna. Aquí uso el 0 como sinónimo de ausencia total de energía).

En resumen de este parágrafo y el anterior: la física no afirma que el universo no sea eterno porque haya tenido un comienzo físico-material absoluto, sino porque comenzó a evolucionar desde un momento finito en el pasado por medio de una expansión: su radio actual no es inmutable ni las historias de las partículas se extienden infinitamente en el pasado como sucedía en un modelo estacionario; sino que ha atravesado una expansión desde un pasado finito, eso es lo que se afirma. Entonces, desde la física se asume que el universo no tiene un comienzo en términos materiales sólo en términos de cambio, expansión de la energía.

En consecuencia, lo máximo que podría sustentar la física al teísmo es en la posibilidad de un Dios sea la causa de dicha expansión, un ser que haga las veces de causa del Big Bang, pero no de creador material del universo… (lo que queda prohibido si el Big Bang tiene un antecedente cuántico como se verá a continuación).

(c) la física estándar se quiebra a tiempos y espacios inferiores al Planck y se requiere abordar el tema del inicio del universo desde una perspectiva cuántica, entonces, a propósito de ello, ¿qué dicen los modelos cuánticos como el de Vilenkin tan citado por los teístas? ¿rinden algún apoyo a la teología? Si el modelo estándar no representa un apoyo a las ideas teístas, ¿lo hace la física cuántica? Para pesar del cristiano, no.

Al igual que como sucede en el modelo estándar de la cosmología, el modelo de Vilenkin propone que, en efecto, la expansión del universo tuvo un comienzo definido en un punto en el espacio y hace un tiempo finito; que si, en retrospectiva, se sigue la trayectoria de cada partícula, estas se encontrarán en un punto definido en el pasado en vez de extenderse infinitamente en el pasado desde el cual se lleva a cabo el Big Bang.

Pero no dice nada sobre el comienzo material del universo o el comienzo físico de dichas partículas. Por el contrario, Vilenkin sostiene que el universo en el que habitamos hace parte de un universo inflacionario, el cual emerge de una tunelación desde la “nada cuántica”: ausente de materia, espacio y tiempo, solamente cargado con una alta densidad energética – un estado de falso vacío.

Debido a lo anterior, el modelo de Vilenkin no propone que el universo emerge de la nada absoluta requerida por el teísta. De hecho, por el contrario, dos premisas del modelo imposibilitan una creación ex nihilo: Primero, su modelo parte de las leyes físicas en donde se encuentra la de la conservación de la energía, siendo esta lo que impide hablar de un origen material del universo, al no haber una ausencia de una causa material sino justamente lo contrario, su preservación. De hecho, en un sentido estricto, el modelo de Vilenkin implica que aquello que emerge de dicha nada cosmológica es el radio del universo, con el cual emerge también el espacio y el tiempo al ser estos físicamente posibles solo desde una escala cósmica lo suficientemente grande. He resaltado el concepto “emerge” porque este presupone la existencia de un material desde el cual se lleva a cabo dicha emergencia. Segundo, para cumplir lo anterior, el modelo de Vilenkin propone que la carga energética del universo que emerge es igual a cero debido a que este es cerrado.

No obstante, no es sólo este hecho el que lastima al teísmo y sus pretensiones cosmológicas, sino que el modelo de Vilenkin justamente se basa en el concepto de la tunelación cuántica y lo que esta implica: que el universo se haya dado de forma espontánea, sin una causa eficiente – el mismo tipo de causa que es Dios: «A este punto debes estar preguntándote: “¿qué causó que el universo surgiera de la nada?” Sorprendentemente, ninguna causa es necesaria […] ninguna causa es necesaria ara la creación cuántica del universo” sentencia Vilenkin en su libro (p. 337). Más allá de eso, su modelo parte de la ausencia de tiempo el cual es un prerrequisito para la causalidad eficiente como se ha abordado ya en otros post del blog y como es sostenido en la filosofía y ciencia.

Entonces, de la misma forma que en el caso del Big Bang o la singularidad, los modelos de la cuántica no parten de, requieren de, ni concluyen el origen material o físico del universo, más bien lo contrario. Modelos como el de Vilenkin parten de la conservación de la energía desde la cual un universo cerrado emerge por medio de una tunelación cuántica – que además, puede ser un fenómeno incausado, lo que excluye a Dios como posible causa. Esto indica que el universo tiene una causa material previa y además de todo, puede no tener una causa eficiente, lo cual no cuenta como evidencia a posteriori a favor de una creación, sino en contra: no hay una ausencia de causa material, ni una causalidad eficiente, ergo, no hay posibilidad para creación alguna. 

A pesar de que la situación anterior es ya bastante mala para el teísta, esto es sin contar con que todo puede estar teniendo como fondo el paisaje cósmico de un multiverso cuántico eterno. El teísta puede decir que esto es una suposición nada más, pero la realidad es que esta puede ser la realidad metafísica última del universo y además es la realidad favorecida por la cosmología actual. De hecho, como Vilenkin y Perlov concluyen: “es necesario para la completud y consistencia de nuestra forma de ver el mundo” (Cosmology for the Curious, p. 347).

(d) finalmente, está la afirmación menor del teísta y apologista de que “la segunda ley de la termodinámica indica que el universo tuvo un comienzo absoluto”. ¿Qué se puede decir de tal afirmación? Hay que empezar con una aclaración: La segunda ley de la termodinámica se refiere solamente a la energía de trabajo disponible localmente: la energía útil para poder llevar a cabo reacciones físicas disminuye al distribuirse homogéneamente la energía en el espacio, esta ley no refiere a la cantidad de energía en sí, su existencia, sino únicamente a la capacidad de interacción de la misma. En resumen, lo máximo que puede obtener el teísta de la segunda ley y la energía de trabajo disponible es la deducción de que la energía comenzó a expandirse y distribuirse hace un tiempo finito.

Por su parte, en un sentido más estricto, la segunda ley refiere a la cantidad de combinaciones que puede adoptar la energía disponible en un sistema, luego la segunda ley de la termodinámica refiere a la organización o configuración de la energía en dicho sistema. De hecho, la afirmación de que en un sistema cerrado la energía tiende al desorden, refiere justamente a que, con el paso del tiempo, existe una mayor probabilidad de que esta se distribuya de manera aleatoria en todas las combinaciones físicamente posibles a que lo haga de una manera específica.

El teísta indica que si el universo fuera eterno la energía de trabajo habría desaparecido ya, debido a que la entropía habría alcanzado su máximo punto. Ahora, debido a que no vemos que la entropía haya alcanzado su máximo punto sino que esta es relativamente baja actualmente, se concluye que el universo no es eterno sino que tuvo un comienzo hace un tiempo finito. Esto es correcto, pero no respecto a lo que pretende.

Sí, es cierto que en un universo eterno la entropía habría alcanzado su máximo punto ya, pero esto sólo es cierto desde la definición de “universo eterno” de un modelo estacionario – noción con la que no se tiene que comprometer ningún ateo. La segunda ley de la termodinámica viene a refutar un universo de este tipo, no uno en expansión. De hecho, bajo el modelo expansivo del universo la entropía nunca alcanza su punto máximo y así mismo, este modelo no implica un origen material del universo como ya se abordó, por lo que el razonamiento del teísta es incorrecto respecto a lo que pretende. Además de esto, cabe recalcar que la segunda ley de la termodinámica aplica en un sentido estadístico a nivel macroscópico – más no uno absolutista y que reducciones en la entropía se presentan sin ninguna contradicción a escalas inferiores.

Pero en sí, este argumento del teísta no sólo es pésimo por los puntos mencionados en el párrafo anterior, sino porque es demasiado sencillo objetarlo aún asumiendo que cumple las pretensiones teístas de que la segunda ley de la termodinámica implica un origen material del universo. Por ejemplo, se puede simplemente objetar que según esto, el teísta está afirmando que la segunda ley de la termodinámica contradice la primera ley – lo cual es absurdo. Pero, ¿por qué no existe tal contradicción en la ciencia? Porque la segunda ley de la termodinámica no habla sobre la existencia de la energía ni su origen, sino sobre la energía de trabajo disponible localmente. La segunda ley de la termodinámica establece claramente que la cantidad total de energía es conservada – si bien no lo es la energía de trabajo por razones ya explicadas y en ningún momento soporta la premisa requerida por el teísta de que la energía haya sido actualmente inexistente para que factualmente pudiera haber una creación: de la segunda ley no se puede inferir ningún origen material del universo, ningún origen de la existencia de la energía en sí.

Segundo, se puede avanzar un argumento entrópico para el ateísmo que es directamente contrario a la pretención del teísta de que el universo vino de la nada absoluta. De acuerdo con la cosmología actual, el valor inicial de entropía del universo si bien es relativamente bajo, no es de cero. Esto es un problema para el teísta: ¿por qué si el universo fue creado de cero desde la nada por Dios, el valor inicial de la entropía no es de cero? ¿No sería esto lo coherente a esperar? El ateo sencillamente puede replicar que la entropía, debido a esto, implica que el universo no fue creado.

(3) Continuemos ahora con las supuestas razones filosóficas de por qué el universo requiere un “creador”. Básicamente, estas se basan en tres cosas: el argumento de la contingencia del universo, el principio filosófico a priori sobre que “de la nada, nada viene” y el supuesto hecho de que es absurdo que el universo sea producto de una causalidad infinita hacia el pasado.

(a) respecto al supuesto hecho de que el universo es contingente, ¿cómo sabe esto el teísta? El teísmo se ha valido de los malabares mentales de Aquino sobre que los elementos del universo pueden ser concebidos como inexistentes y por tanto el universo en su totalidad puede ser concebido como inexistente, pero esto no es más que una falacia de composición: El razonamiento de Aquino confunde los distintos estados y elementos del universo con la existencia del universo en sí, lo que lo constituye físicamente.

Imaginar que mi PC con el que escribo podría no haber existido no implica que el universo, su energía, espacio, tiempo y materia en su totalidad, podría no haber existido, mucho menos que el constituyente físico de ello haya no existido. La existencia de mi PC depende de otros eventos, como la existencia de la empresa, la existencia de la fábrica de ensamble, el que haya tenido dinero para comprarlo, etc. Pero, ¿de qué evento depende la existencia del universo en sí, de sus constituyentes físicos? Si el teísta dice que de la creación de Dios y su intención de crear el universo está afirmando lo que se supone que quiere demostrar.

Efectivamente, vemos que las cosas hechas de energía-materia se llevan a cabo y desparecen o que pudieron nunca llevarse a cabo, lo cual da cuenta de su contingencia. Sin embargo, esto sólo es evidencia de que las cosas hechas de energía-materia son contingentes, no de que la energía en sí misma, que es el constituyente físico del universo, lo sea.

Indistintamente de eso, aún suponiendo que el universo y la energía que lo constituye es contingente, esto sólo implica que pudo fallar en existir mas no que actualmente así haya sido: de la contingencia del universo no se sigue que haya fallado de forma actual en existir o haya sido actualmente inexistente en alguna circunstancia. Contingente solo implica que pudo no haber existido, no que haya sido actualmente inexistente. Hay un paso insalvable entre decir que el universo, el material que lo constituye, es contingente y que el universo, lo que lo constituye, haya estado actualmente ausente en alguna circunstancia. De hecho, el universo, el material que lo constituye, bien podría ser contingente y no haber fallado en existir nunca, nunca haber sido actualmente inexistente y por tanto no haber creación alguna. ¿Qué se necesita para asumir esto? Sólo que el universo exista. No hay nada contradictorio en ello, el argumento de la contingencia lo máximo que puede demostrar es que una creación es posible. Una refutación más profunda al argumento de la contingencia se puede encontrar en otros lados de este blog.

Por otra parte, ¿por qué debemos pensar que el universo y su constituyente físico último es algo contingente? ¿Por qué no puede ser algo necesario? Según se ven las cosas, de acuerdo a nuestros conocimientos cosmológicos actuales, no tiene por qué haber una ausencia de una causa material del universo. De hecho, como ya se dijo, en últimas el universo emerge con una geometría cerrada y de acuerdo a la ley de la conservación de la energía.

El ateo sencillamente puede avanzar el argumento de que si el universo actual comparte esta conservación de energía y geometría como la parte fundamental de todo universo posible, entonces es imposible que hubiera una ausencia absoluta de un constituyente físico o de una causa material. En consecuencia, el material que constituye al universo puede sencillamente ser una entidad esencialmente necesaria de la cual emergen los distintos universos contingentes.

(b) el segundo argumento filosófico del teísta para hablar de un comienzo del universo viene de mano del uso del principio de que “de la nada, nada viene” con el cual intentan justificar que por tanto debe haber un creador. Pero antes de abordar si esto es un non-sequitur o no, analicemos qué significa este principio.

Primero, decir que de la nada, nada viene, puede referir a que la nada carece de poder causal para crear algo. Por tanto, bajo la condición de que la nada existiera y no hubiera Dios alguno, esta no podría promover la existencia del universo y por tanto, no habría universo. Esto implica que si bien es lógicamente posible que de la nada algo venga, pues Dios crea el universo desde la nada y Dios no hace lo que es lógicamente imposible, no es metafísicamente posible que algo exista desde la nada a menos que sea creado por Dios.

Segundo, decir que de la nada, nada viene, puede referir a que es lógicamente imposible que desde la nada algo venga. En consecuencia, no es tampoco metafísicamente posible que de la nada algo venga, sea o no sea traído a la existencia por Dios. Esto implica que la idea de una creación divina es imposible de facto, pues como ya se aclaró en el comienzo: crear significa traer las cosas a la existencia desde la nada. En otras palabras: si es lógicamente imposible que de la nada algo venga, entonces el universo, el material que lo constituye, existe necesariamente.

Sencillamente, puede ser el caso que es lógicamente imposible que de la nada algo venga, tanto de forma causal como incausada. Por lo cual, necesariamente, si nada existiera, nada existiría. Esto implica que sería contradictorio que el universo o la energía que lo constituye existiera, si fuera el caso que la nada existiera. No obstante, debido a que el universo o el material que lo constituye existe, esto implica que necesariamente no hubo entonces nada alguna y por tanto no hubo tal cosa como una “creación”: es contradictorio que el universo o su constituyente no existiera. Esta puede sencillamente ser la postura que el ateo adopte y en consecuencia, el argumento cosmológico resulta ser falso.

Obviamente el teísmo se adhiere a la primera de estas opciones, suponiendo que si la nada existió, entonces el universo no habría existido de no ser porque Dios lo creó superando así la imposibilidad metafísica de la nada para ser causa del universo. Ahora, dado que la nada existió (según el teísmo) y el universo existe, se deduce entonces “necesariamente” que Dios creó el universo… ¿pero es este razonamiento siquiera remotamente cierto? La respuesta obvia es no.

Más bien, permite exponer las falacias ocultas en el argumento cosmológico, siendo la principal que la premisa de que la nada haya alguna vez existido. El ateo debe sencillamente exigir al teísta que demuestre que el universo y todo material que lo constituye falló actualmente en existir, que demuestre que la nada – (i.e.) la ausencia de una causa material, es posible y que de hecho demuestre que esta se llevó a cabo para que Dios pudiera crear desde ella todo lo que existe. El cristiano puede tratar de evadir el problema negando que el argumento cosmológico afirme la existencia de la nada, pero esto es incoherente. Como ya se dijo antes: crear es traer a la existencia desde la nada, lo contrario es sólo dar forma a material pre-existente y por tanto no hay creación alguna.

(c) por su parte, el principio que “de la nada, nada viene” o Ex Nihil, Nihil Fit, contrario a la afirmación y pretención del teísta y apologista promedio, no favorece al teísmo y sí favorece al ateísmo. Básicamente, este significa que “todo lo que existe requiere de una causa”, sea esta material y/o eficiente, por lo cual debe preguntarse entonces en qué sentido esto es así. En consecuencia, se considerarán 3 opciones en las que este principio puede llevarse a cabo:

• Primera: una causa material puede no existir pero al menos una causa eficiente no puede no existir – ex nihilo, nihil fit parcial sobre las causas eficientes.
• Segunda: una causa material no puede no existir, pero las causas eficientes pueden no existir – ex nihilo, nihil fit parcial sobre las causas materiales.
• Tercera: una causa material no puede no existir, tampoco puede no existir una causa eficiente – ex nihilo, nihil fit completo.

Es evidente que la única opción de la que podría valerse el teísmo es la primera. No obstante, es la que más carece de fundamentación. Como ya se ha dicho, nada en nuestros conocimientos científicos ni filosóficos permite justificar que el material físico que constituye el universo haya fallado actualmente en existir, que haya sido en efecto inexistente. Nada en nuestros conocimientos habla del origen material del universo – de la ausencia de una causa material. Además de eso, esta primera opción implica que “nada puede existir sin algo que lleve a cabo su existencia” – es decir, que debe haber una causa eficiente. Pero esto, como ya se ha expuesto antes, sencillamente tampoco es cierto, nuestras nociones sobre los alcances de la causalidad son a posteriori y se rompen a distintos niveles del universo, evidenciándose que pueden haber eventos incausados eficientemente a nivel microfísico de acuerdo con las leyes de la cuántica y así mismo, que el propio universo puede ser un producto incausado eficientemente por medio de una tunelación cuántica. Sin olvidar que en ausencia de una temporalidad la noción de una causa de este tipo se ve fuertemente comprometida también, tal como sería el caso si los modelos cosmológicos están en lo cierto y el tiempo tuvo un origen. Además, no existe una conexión clara entre Dios como causa eficiente y el universo, mucho menos debido a todo lo que ya se ha abordado en este post y a que su concepto resulta en sí incoherente. Por si fuera poco esto, esta postura en últimas es contradictoria porque nada permite sostener que pueda haber una causa eficiente en ausencia de una material, por el contrario, la primera presupone la segunda: las causas eficientes actúan sobre las materiales y esto parece ser una verdad metafísica al implicar lo contrario que la causa eficiente estaría actualizando una potencia desde la ausencia de material, desde la nada carente de propiedades. Así mismo, la posibilidad de que exista una causa material en ausencia de una eficiente no es metafísicamente contradictoria en sí, las causas materiales puedes existir sin que una causa eficiente actúe nunca sobre ellas.

La segunda opción no favorece al teísta, pues si no puede no haber una causa material entonces no hay creación alguna. Si es cierto el principio ex nihil nihil fit aquí, lo que este estaría diciendo es que todo debe existir una causa material, que “nada puede existir sin un material constituyente pre-existente”. Pero esto no es de ayuda para el teísta, puesto que básicamente estaría reforzando la idea de que el universo, el material físico que lo constituye, nunca falló en existir, nunca fue actualmente inexistente y debe ser imperecedero e increado. Esto, podríamos decir, se ve fortalecido a posteriori por nuestros conocimientos científicos cosmológicos y físicos, los cuales en su mejor esfuerzo actual no sustentan la ausencia de una causa material para el universo sino que confirman su persistencia de acuerdo a la ley de la conservación de energía. Uniendo ambas fundamentaciones, la a priori del principio ex nihil nihil fit y la a posteriori de la ciencia de la física, el constituyente material físico del universo puede ser necesario, increado e indestructible – dígase, la energía. Nuestros conocimientos científicos no le dan mucha esperanza a la idea de que la nada material requerida por el teísta haya podido realizarse, instanciarse. Por su parte, sí es posible la ausencia de una causa eficiente, lo cual parece contar con gran sustento por parte de la física cuántica no solo al haber fenómenos incausados como la fluctuación de pares de partículas y el decaimiento atómico; sino también al permitirse que incluso el universo sea producto de una tunelación incausada. Esto permite que el universo se haya llevado a cabo no sólo desde una causa material que impide la creación, sino directamente en ausencia de una causa eficiente – ergo, incluido Dios que es un tipo de causa eficiente.

La tercera opción tampoco ayuda al teísta, por las mismas razones ya abordadas en los párrafos anteriores. Además de ello, esta es la opción más fiel al principio ex nihil, nihil fit. En efecto, podría pensarse que tanto una causa material como una causa eficiente están en equitativa justificación epistemológica y que una implica la otra – asumiendo que los descubrimientos de la física cuántica son incorrectos y en realidad existen variables causales ocultas para los fenómenos microfísicos. Pero aún sin asumir esto, es cierto de acuerdo a todos nuestros conocimientos que una causa eficiente presupone una material, lo cual basta para descartar la idea de una creación. De hecho, como ya se dijo, las causas eficientes actúan sobre las causas materiales y no hay sustento alguno para decir que pueden actuar sobre la nada, como el teísta pretende al hablar de una creación divina. El ateo puede abrazar con total gusto esta tercera postura y el principio ex nihil, nihil fit en su forma más fuerte, no así el teísta.

La cuarta opción, es que el principio que de la nada, nada viene, sea falso en todos sus sentidos. Pero esto tampoco ayuda al teísta, pues entonces el universo podría surgir sin causa eficiente alguna de la nada y esto representa una opción inviable para el teísmo.

En resumen, el teísta trata de creer y hacer creer que el principio ex nihil, nihil fit implica que Dios existe pues establece que Dios es la causa eficiente necesaria del universo, pero en realidad, la idea de una creación viola el propio principio. Esto sucede porque la idea de una creación tiene que eliminar las causas materiales al afirmar que Dios trajo el universo a la existencia desde la nada – de lo contrario no habría una creación. Pero esto entra además en contradicción con nuestros conocimientos científicos y filosóficos. Segundo, porque no se puede establecer como cierto a priori – como pretende el teísta, que debe haber una causa eficiente del universo, pues esto también va en contra de nuestros conocimientos actuales sobre la causalidad y en todo caso, no existe una conexión clara entre Dios como causa eficiente y el universo, mucho menos debido a todo lo que ya se ha abordado en este post y a que su concepto resulta en sí incoherente.

(d) ahora, ¿qué hay del argumento sobre que un regreso infinito es absurdo y que según el teísta impide que el universo se extienda de forma infinita en el pasado? Apologistas como William Craig afirman que esto es imposible por dos razones principales: Primero, el concepto de infinitud actual es incoherente en sí mismo. Segundo, si el universo fuera infinito en el pasado, nunca se habría alcanzado el estado presente actual.

Para sustentar el primer punto, Craig y compañia apelan a analogías paradójicas con librerías y hoteles (el famoso hotel de Hilbert), por medio de las cuales se nos obliga a pensar que la infinitud actual es contradictoria en sí misma. En breve, el ejercicio mental consiste en proponer al ateo que imagine un hotel que posee cuartos infinitos enumerados del 1 al infinito y que a pesar de que todos los cuartos están ocupados, siempre se puede encontrar espacio para un huésped más simplemente moviendo a los inquilinos actuales un número hacia la derecha. William Craig dice que esto es incoherente porque para ser coherente, el sub-conjunto de miembros debería ser menor que el conjunto total, que siempre debe ser mayor que sus partes.

El problema de esta conclusión es que confunde dos nociones de “mayor que” y su aplicación a la infinitud o finitud: La primera de estas nociones es la noción de la relación entre parte-todo, bajo la cual el el todo siempre es mayor que sus partes. La segunda de estas nociones es la numérica, donde un conjunto es más grande que otro si simplemente posee más miembros. Ahora, la falla del argumento es que si bien en cantidades finitas es cierto que cualquier conjunto cuya relación entre parte-todo es mayor también lo será en una noción numérica, cuando se trata de cantidades infinitas este no es el caso. En el ejemplo del hotel, si bien es cierto que en la noción de la relación parte-todo el conjunto es más grande cuando entra un nuevo huésped y hay más miembros que al comienzo, bajo la noción numérica no: el conjunto sigue siendo igual de grande.

Para sustentar el segundo punto, los apologistas apelan a que no es posible atravesar una serie de eventos infinitos para llegar al evento actual y que en consecuencia, si el universo fuera infinito en el pasado entonces no existiría el presente. Ahora, debido a que el presente evidentemente existe, se puede deducir que el universo no es infinito en el pasado. Pero este argumento es falaz, nuevamente se está confundiendo las nociones involucradas respecto a la infinitud: se está confundiendo que el universo fuera infinito en el pasado con que haya tenido un comienzo infinito en el pasado. Sólo bajo la segunda opción puede el teísta decir cosas como que “es imposible que el universo atravesara una serie infinita de sucesos para llegar al presente” como suele hacer William Craig. Pero un universo infinito en el pasado justamente es tal porque carece de un comienzo, no porque haya tenido uno hace un tiempo infinito.

Por otra parte, a veces se suelen usar otros ejemplos como el de una librería que no puede contener una cantidad infinita de libros o el de una cadena que no puede extenderse al infinito sino que debe sostenerse de algún lado. Pero estos ejemplos están viciados pues sabemos, a posteriori, que los libros no pueden ser infinitos ni las cadenas pueden extenderse al infinito. Sencillamente, esto no dice nada sobre la naturaleza de la infinitud, solo habla de la naturaleza de dichos objetos y su relación con el mundo.

Más allá de los errores en cada uno de estos intentos de demostrar la infinitud como absurda, es que no hay nada contradictorio en que el universo tuviera una cantidad infinita de sucesos en el pasado si la energía se mantiene constante: tan solo se requeriría de una reorganización de la misma que se extienda hacia el pasado indefinidamente. En todo caso, esto es irrelevante. El ateo no tiene que decir que el universo sea infinito hacia el pasado – aunque una estructura del universo tipo reloj de arena sea perfectamente posible como modelos como el no-boundary o la cosmología cuántica de bucles predicen. El ateo puede bien aceptar que el universo es finito en el pasado y eso no implica que deba aceptar creación alguna, puesto que una finitud en el pasado no es mutuamente excluyente con la existencia de una causa material increada e imperecedera y bien puede ser un suceso eficientemente incausado como ya se ha abordado, tanto desde una perspectiva filosófica como de una científica.

(e) aún suponiendo la existencia de una nada, ¿por qué creer que Dios es metafísicamente necesario para que el universo pudiera salir desde esta? Si se toma en serio el concepto “nada” se entiende que esta carece de propiedades, por lo cual no podría no sólo promover la existencia del universo al carecer de poder causal, sino que tampoco podría siquiera impedir la existencia del universo al carecer de poder de cualquier forma y en cualquier sentido.

Esto tiene como consecuencia que sea falso que se requiere metafísicamente de Dios y su poder para que el universo venga a la existencia desde la nada. El mismo trabajo podría realizarlo otro ser que no tiene que ser omnipotente o realizarlo una causa que ni siquiera sea un ser sino sea una causa impersonal no-física: el poder de Dios es irrelevante dado esto. El elemento aparentemente indemostrable de la omnipotencia de Dios y de su existencia se hace innecesario en la ecuación, así se suponga el elemento igualmente indemostrable de la existencia de una nada requerida por el mismo teísmo.

Más lejos que eso, ¿por qué no podría entonces el universo surgir de manera eficientemente incausada desde la nada? El teísta está suponiendo que es lógicamente posible que desde la nada algo venga al afirmar que Dios creó el universo, así mismo, supone entonces que Dios trajo el universo dotado de propiedades a la existencia desde la no-existencia, desde la ausencia de propiedades. Siendo esto así y teniendo en cuenta que la nada carece de poder no sólo causal sino de todo tipo y no puede promover ni impedir la existencia de las cosas, ¿por qué entonces el universo dotado de propiedades no podría haber emergido eficientemente incausado desde la nada? Esto no es menos absurdo que decir que una entidad mística dijo “hágase”: en ambos casos se ha obtenido el todo dotado de propiedades desde la ausencia total de propiedades de la nada – (i.e.) de la ausencia de una causa material.

Es correcto decir, considero, que nada puede ser causado por la nada puesto que tal cosa carecería por completo de propiedades. No tendría poder alguno para llevar a cabo ningún efecto y no podría promover la existencia de nada. No obstante, no es lo mismo decir que algo venga desde la nada de forma causal a que algo venga desde la nada de manera eficientemente incausada. Lo primero es lo que ya se abordó y que resulta incoherente pues la nada carece de poder causal. Pero lo segundo, prima facie, no parece contradictorio. Después de todo, lo contradictorio es que de la nada que carece de propiedades algo surja de forma causal, no que algo surja de forma eficientemente incausada.

En soporte a esta idea está el hecho de la misma nada carecería de propiedades y de todo poder, lo que no solo le impide causar la existencia de algo; sino impedirlo. La nada no podría impedir la existencia eficientemente incausada de ninguna cosa. En consecuencia, el ateo podría sostener que el universo surge de manera incausada desde la nada sin ninguna contradicción evidente – al menos como opción alterna a la creación del teísmo que resulta igual de coherente o absurda según se le quiera ver.

En sí, el teísta suede responder que al menos bajo la sombrilla del teísmo existe una causa eficiente y que eso hace la diferencia, pero esto no se sigue. Primero, como se expuso, no hay nada contradictorio en la ausencia de una causa eficiente al carecer la nada de poder de todo tipo – incluído el de impedir que algo exista. Segundo, el teísta se encuentra con la observación metafísica de que las causas eficientes actúan sobre las materiales, de lo contrario se estaría actualizando el todo dotado de propiedades de la ausencia total de las mismas lo cual es metafísicamente contradictorio. En consecuencia, nuevamente, la idea de una causa eficiente creadora como la propuesta por el teísmo no es mejor que la de una creación en ausencia de dicha causa eficiente.

(f) penúltimo, ¿por qué el universo, entendido como el conjunto de todo lo que existe físicamente, debe tener un comienzo? ¿Por qué su constituyente físico, su causa material, debe tener un comienzo? ¿Cómo sabe el teísta que debe ser así? Estas preguntas son claramente retóricas, pues el teísta no lo sabe. Sencillamente, el teísta lo único que hace es presuponer dicha circunstancia porque es la que requiere el teísmo para ser cierto, pero fuera de estas exigencias teológicas no hay razón para asumir tal cosa como una verdad a priori: no hay conocimiento alguno para afirmar que la energía que constituye el universo sea extinguible o que requiera de un origen.

Otros teístas son incluso más arriesgados al decir que el universo debe tener un comienzo porque la veracidad del teísmo presupone esto y dado que el teísmo es cierto, entonces la existencia del constituyente físico del universo o su causa material debió tener un comienzo así no haya evidencia de tal cosa: “los científicos solo deben buscar mejor”. De hecho, me arriesgaría yo a decir que este presuposicionalismo es la postura mayoritaria en el teísmo.

Pero el problema no es este presuposicionalismo convenenciero y circular, el problema es que el teísmo tiene muy pocas opciones para ser cierto. A modo de comparación, aún si fuera cierto que la existencia del constituyente físico del universo tuviera un comienzo, de esto no se sigue necesariamente que el teísmo sea cierto; tan sólo se sigue que el teísmo puede ser cierto – que es posible una creación. Por el contrario, si dicho constituyente, dicha causa material, no tiene un comienzo, esto implica, necesariamente, que el teísmo es falso. Ahora, dado que no se tiene sustento alguno no-teológico para hablar de que el constituyente físico haya tenido un origen o que la causa material del universo haya estado ausente, el ateo puede deducir simplemente que el teísmo es falso. El ateísmo satisface su carga de la prueba.

De hecho, podríamos pensar inductivamente que aquello que presupone la verdad del teísmo es falso debido al historial de fracasos de la teología para describir el mundo. En consecuencia, si el comienzo del universo presupone la verdad del teísmo esto mismo es evidencia de que el universo no habría tenido un comienzo.

(g) por último, Dios sencillamente no puede ser la causa del universo debido a cuestiones metafísicas fundamentales de la causalidad, que le impiden poder ser tratado como tal. En consecuencia, Dios no puede ser el creador del universo al ser el concepto creación un concepto causal.

La afirmación de que Dios es la causa del universo es una afirmación usual del cristiano y teísta promedio, de hecho, hace parte de su religión. Sin embargo, ¿qué significa ser causa en sí? ¿Cómo sabemos que algo es la causa de otra cosa? Pues bien, esto se realiza por medio de tres deducciones necesariamente complementarias entre sí:

Primero, las causas mantienen una relación temporal con sus efectos, específicamente en términos de causas eficientes. La causalidad se lleva a cabo en el tiempo, el concepto de tiempo está implícito en el concepto causalidad: las causas anteceden a sus efectos. De hecho, los términos de causa-efecto dependen de los términos temporales de antes-después y sin los cuales no tiene sentido hablar de los primeros. La misma necesidad de una relación temporal entre causa y efecto aplica si se considera posible una causalidad simultánea, puesto que la simultaneidad se lleva a cabo en el tiempo.

Ahora, esto es problemático para el teísta por el sencillo hecho de que Dios es supuestamente atemporal – no existe en el tiempo, por lo cual no podría mantener una relación causal con el universo que supuestamente crea. Dios no podría anteceder al universo que supuestamente es su efecto, el cual tampoco puede suceder a su supuesta causa. Por tanto, no puede hablarse de que Dios es la causa del universo – específicamente, la causa eficiente.

Segundo, las causas mantienen una relación lógica con sus efectos. Sabemos que algo causa otra cosa porque si concebimos como inexistente la causa entonces podemos concebir como inexistente el efecto en consecuencia de ello.

Por ejemplo, imaginemos un humo causado por un fuego, ¿cómo sabemos que el fuego es la causa? Porque podemos concebir que el humo no existiría si el fuego no existiera: si es posible que el humo no exista es porque es posible que el fuego no exista. Esto es así porque posibilidad de la causa no existiendo es lo que permite la posibilidad del efecto no existiendo en consecuencia de ello. Esto es posible porque tanto el humo como el fuego son contingentes, es decir, pueden no existir.

No obstante, el teísta afirma que Dios es un ser necesario, es decir: un ser que no puede no existir. Mientras al mismo tiempo afirma que el universo es contingente, es decir, que puede no haber existido (tal como el humo del ejemplo). Así mismo afirma que dicho Dios necesario es la causa del universo contingente.

Pero esto es contradictorio, pues como ya se vio, para poder saber si A causa B, debe ser posible concebir que dicho efecto B no existiría si la causa A no existiera: Debe ser posible concebir que la causa A puede no existir y que sea en consecuencia de ello que B no existiera. Sin embargo, según el teísmo Dios no puede no existir, por lo cual no se puede concebir que es posible que el universo no existiera en consecuencia de su ausencia. Por tanto, no se puede hablar que Dios es la causa del universo – especialmente, la causa en un sentido lógico.

Tercero, las causas mantienen una relación material con sus efectos. ¿Qué significa esto? Sencillamente que los efectos guardan una correspondencia en lo que las constituye con sus causas. Por ejemplo, los constituyentes encontrados en el humo permiten inferir que este proviene del fuego, que contiene constituyentes correspondientes con los del fuego. Esta correspondencia no debe ser idéntica, cabe aclarar, los efectos pueden diferenciarse de sus causas pero deben guardar una similitud relevante entre sí.

De lo anterior se sigue que las características del efecto no deben ser contradictorias con las características de la causa o carecer de forma relevante de una relación material. Parece sentido común actual esto, sin embargo, esto es ignorado por el teísta. Según el teísmo, Dios es un ser cuyas características son ser atemporal, con un poder infinito, lógicamente necesario y más importante, no-físico. Pero el universo, su supuesto efecto, es temporal, con un poder finito (energía de trabajo), contingente y más importante, físico. Según lo anterior, la causa (Dios) y su efecto (universo) son, radicalmente, metafísicamente, diferentes… ¿cómo es posible eso?

Peor que esto, no es que sólo sean radicalmente diferentes, sino que, de hecho, dichas características de Dios y el universo son substancialmente contradictorias entre sí, ¿cómo puede entonces entenderse que el universo tiene a Dios como causa? Sencillamente carece de sustento. Por tanto, no se puede hablar que Dios es la causa del universo – especialmente, la causa material.

En resumen, he expuesto los tres principios, si así se le quiere llamar, que rigen la noción de causalidad, demostrando que Dios no puede ser la causa del universo de acuerdo a ellos: el concepto de Dios es contradictorio con la causalidad. Aún más difícil para el teísta, es que él mismo usa dichos principios para sustentar sus argumentos cosmológicos, lo que indica que la filosofía teísta está profundamente enferma y que sus conclusiones no se siguen de sus premisas.

Conclusión.

El teísta suele afirmar que el universo comenzó a existir y por tanto debió haber una creación, pero esto es falaz por varios motivos: primero, nada en la ciencia indica que el universo haya tenido un comienzo material sino que el comienzo del que habla la física está ligado al concepto de un universo en expansión en contraste con uno estacionario; igualmente, los modelos cuánticos implican más bien que el universo podría comenzar de manera incausada. Segundo, los supuestos principios filosóficos que hablan de la necesidad de una creación divina se basan sobre la suposición de que la nada es posible y que de hecho, se llevó a cabo haciendo necesaria la intervención de Dios para traer el universo a la existencia; pero esto es falaz, pues el teísta no ha demostrado la posibilidad ni mucho menos existencia actual de nada alguna, e igualmente, aún suponiendo que la nada sea posible y se haya llevado a cabo, de ello no se sigue que sea necesaria la existencia de creador alguno – todo lo contrario, este sería innecesario. Así mismo, la supuesta contingencia del universo no implica que haya fallado en existir de forma actual en algún punto, es decir, que haya sido inexistente; e igualmente, no hay nada contradictorio en que el universo sea contingente y no haya sido creado. Finalmente, el principio de que de la nada, nada viene, favorece al ateísmo y las razones filosóficas sobre el infinito imposible empleadas por el teísta no le rinden apoyo alguno a la idea de una creación.

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